La ley
(defendida por toda la izquierda francesa), autoriza tanto el matrimonio como
la adopción homoparental. Con 331 votos a favor y 225 en contra, fue aprobada
por el Parlamento el 23 de abril y promulgada el 18 de mayo.
De ésta
manera, Francia se convirtió en el décimocuarto país del mundo en aprobar el
matrimonio igualitario. Quienes lo antecedieron fueron Holanda (2000), Bélgica
(2003), Canadá (2005), España (2005), Sudáfrica (2006), Noruega (2009), Suecia
(2009), Portugal (2010), Islandia (2010), Argentina (2010), Dinamarca (2012),
Uruguay (2013), y Nueva Zelanda (2013). No está de más remarcar que nuestro
país fue el décimo en aprobarlo, y el primero en América Latina.
Después de la aprobación de esta ley en Francia, varias personalidades y
grupos de la sociedad manifestaron su descontento.
El 21 de mayo, Dominique Venner, ultraderechista de 78 años de edad, se
suicidó en la Catedral de Notre Dame en forma de manifestación contra la ley
recientemente aprobada. Tras ésto, Marine Le Pen (dirigente del Frente
Nacional, partido de ultraderecha), reaccionó al respecto, diciendo que el
gesto de Venner representaba un intento por 'despertar al pueblo de
Francia'.
¿Despertar? ¿Acaso promover la igualdad de derechos es permanecer
dormido? Que el pueblo no se quede dormido, que reaccione, como se movió para
que se apruebe tanto el matrimonio igualitario como la adopción homoparental.
Que hablen de los esquemas con los que venimos viviendo, que hablen de que es
un cambio muy radical. Pero no nieguen que es un cambio para bien, para que
podamos vivir todos de manera justa, en un mundo con igualdad de derechos. En
un mundo que se viene despertando. Así que, Venner, así que, Marine, bien
despierto está el pueblo.
Además, el papa argentino, el señor Jorge Bergoglio, Francisco, cabeza
de la Iglesia católica, aclaró que, de ser necesario, debían abolirse las leyes
contrarias a los principios de la Iglesia, con el objetivo de
"proporcionar una calidad vital que eleve y ennoblezca a la persona".
Cabe aclarar que, cuando la ley fue aprobada en nuestro país, él la había
calificado como “una movida del Diablo”, y alentó a acompañar “la guerra de
Dios” contra la posibilidad de que los homosexuales pudieran casarse.
"Vuestra obligación
es proponer
leyes, enmendarlas, pero también abolirlas. Por ello es
necesario infundir en ellas un espíritu, un alma, que no refleje solamente
los modos
y las ideas del momento, sino que confieran una calidad vital
que eleve y ennoblezca al ser humano", sostuvo Bergoglio.
¿En serio? ¿No permitir que
quienes se aman puedan casarse es luchar con Dios contra esta movida del
Diablo? Parece que quiere que retrocedamos al siglo tercero, que todo ésto esté
prohibido, que sea San Valentín, sacerdote romano, quien case clandestinamente
a la gente, para así vuelven a decapitarlo y dejamos a la sociedad con una
mentalidad cerrada. Yo sólo te aviso, Francisco: San Valentin fue y es muy
venerado en Francia. Ésto no es un movimiento diabólico, es un movimiento para
dar pasos como sociedad, para adelante.
Hubo tres manifestaciones
opositoras a la promulgación de la ley. La última tuvo lugar el 26 de mayo, y
contó con la participación de 150 mil personas, reunidas en París, enarbolando
banderas azules, blancas y rosas, emblema del colectivo “Manifestación para
Todos” (en oposición al 'Matrimonio para Todos'), y banderas francesas. Hubo
varios incidentes entre grupos de ultraderecha y la policía, dando por
resultado varios heridos y detenidos.
Tras
violentas manifestaciones contra la aprobación de esta ley, finalmente el 29 de
mayo, Vincent Autin y Bruno Boileau se casaron en Montpellier, siendo la primer
pareja homosexual en contraer matrimonio.
Éso es y
seguirá siendo amor, en todos los idiomas.
Más allá de las
manifestaciones, de la oposición, la comunidad homosexual francesa festeja
frente a la Torre Eiffel, sobre un manto igualitario, en la ciudad del amor; en
Montpellier, tras el primer casamiento; si querés decí que la gente va cantando
La vie en rose mientras ve el Tour de France; la gente feliz, alegre por este
avance, en todo el país, porque tanto el Parlamento como Vincent, como Bruno, y
como muchas otras personas, han dicho “Oui, je veux”.
Digamos oui al
amor, digamos oui al respeto, digamos oui a la
tolerancia, y empezamos, entre todos, a crear ese marco en la sociedad.
(Julio del 2013 - Publicado en la revista del CEILSE, "El Tábano")

